Escribir es mirar al mundo, y publicar, comunicar el resultado de esa mirada. Almudena Grandes

Publicado en De propio por Aragón (2022)

Cuando era pequeña me gustaba aprenderme nombres de pueblos que nadie más conocía. Memorizaba especialmente aquellos que tenían algún sonido que se trababa en la lengua, como Bronchales. Con esas palabras llamaba la atención de la gente mayor, que pensaban que una niña nacida en Zaragoza no iba a conocer más allá de lo que discurría a lo largo de esa bonita ciudad de la ribera del Ebro.

En el colegio aprovechaba para decir en voz alta uno de los nuevos nombres aprendidos y sorprender con ellos. Me gustaban más los de la provincia de Teruel, ya que los de Huesca podían conocerlos mis compañeros por haber ido de vacaciones o incluso tener casa cerca.

Así, palabras como Aguatón, Almohaja, Salcedillo jugaban en mi lengua cuando yo los exponía ante mis compañeros de juegos en el patio. Palabras que a mí me parecían mágicas por desconocidas y que más tarde supe que encerraban sueños, vidas y proyectos de personas que se quedaron en ellos y de otras muchas que los dejaron para comenzar una vida en lo que se suponía la prosperidad económica del momento.

Cuando viajo a Madrid y escucho a alguien decir que le hace gracia escuchar mi acento mañico pienso en todos esos pueblos, esas maneras de hablar y de nombrar que no son parecidas a la mía, y que también son Aragón. Vienen a mi cabeza todos esos paisajes que son fríos y un poco lejanos en la conciencia y que no son el tan conocido Pirineo. Y trato de asimilar que esa bonita tierra a la que digo pertenecer es desconocida para las y los de fuera de Aragón y para mí misma.

He dejado el juego de sorprender a mis mayores con nombres de pueblos escondidos en la memoria de mucha gente. Ahora trato de aprender a situarlos en el mapa. Es mi manera, mi sencillo homenaje, de no olvidar a esa España vaciada. Una parte de España que clama por no ser olvidada ni en las normas ni en los usos, y que se muestra con toda su grandeza para envolver vidas de nuevo.

Desde la terraza de mi vivienda en Zaragoza sueño despierta con visitar cada uno de esos pueblos que ahora ya sé situar en el mapa, y dejarme sorprender por esos paisajes de polvo, niebla, viento y Sol ya cantados hace años.